Una deuda pendiente.
Jaime Jofré Salas, martes 26 de Sept. de 2017
Hace poco, se recordó un año más de la muerte de Pablo Neruda (23/09/1973). Quise escribir algo de él, en mi pequeña pretensión de saldar una deuda que tengo hace años con el poeta, con quien fuera considerado «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma» y uno de los más destacados e influyentes artistas de su siglo, quien además del premio Novel recibiera muchos reconocimientos más, destacándose entre ellos, junto con Picasso, Paul Robeson y otros, el Premio Internacional de la Paz y el Premio Nacional de Literatura. Bueno, digo deuda, porque fue gracias a él que siento un profundo cariño por mi lengua nativa, el español (castellano). Haberme topado con esta forma de interpretar el mundo en mi infancia y a través de sus palabras, no tuvo precio . Aún recuerdo cuando llego a mis manos y desde las de mi padre, un libro de poemas que la CUT repartió gratuitamente a través de sindicatos por miles y miles, a trabajadores, empleados , obreros y oficinistas de Chile. Muy entusiasmado emprendí la aventura por los caminos de los versos de Neruda. Años más tarde, leería otro producto de su pluma, que no conoció la quema de libros y que un amigo sorteando la censura , trajo desde España: "Confieso que he vivido" (editorial Seix Barral ). Ahora, a poco tiempo ya de cumplir un nuevo aniversario del Día del Encuentro de Dos Mundos (12 de octubre) me pareció pertinente citar un texto de este libro que me impacto hasta el día de hoy. Es acerca de este valioso equipaje que los españoles dejaron "tirado" en nuestro continente para llevarse otros tesoros a sus casas: el idioma, la palabra:
